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19jun2017

En la misma sintonía

Con ciertas personas es tan fácil sintonizar, tan fácil conectar. Otras son tan lejanas, parecen de otro planeta, no nos interesan… no conseguimos entendernos ni comunicarnos. Otras incluso nos molestan… ¿Porqué?

Cuando se da la comunicación entre los cuerpos sutiles, comunicamos de verdad. Pero esto parece ocurrir con más facilidad con unos que con otros. Parece que es más fácil amar unas personas que otras. Las personas vibran en diferentes longitudes de onda… diferentes sintonías. En realidad yo y todos mis contemporáneos vivimos el mismo tiempo y espacio en este mundo físico, compartimos la misma cultura y el  mismo momento de la evolución humana.  Nos ha tocado el mismo “culebrón”, el mismo guión y el mismo teatro. Sin embargo, en el mundo sutil, donde no hay ni tiempo ni espacio, lo que experimentamos son cosas muy distintas: ni percibimos la vida de igual manera, ni las personas, ni las situaciones. Desde una ventana no ves nunca lo mismo que desde otra ventana. Cuando lo que ves desde tu ventana se asemeja a lo que otro ve desde la suya, la comunicación se da sin esfuerzo. Cuando lo que se ve es muy distinto, no hay lenguaje común, no hay símbolos comunes para entenderse.

Si estás en un grupo de diez personas, se juntan diez mundos completamente distintos. Quizás una o dos personas vibren(*) en la misma sintonía que tú, o quizás ninguna. Si alguien vibra en tu misma longitud de onda, sentirás afinidad con esta persona, aunque conscientemente quizás ni te des cuenta. Las personas con la misma sintonía suelen juntarse naturalmente, pues su aparato psíquico no tiene que hacer esfuerzo para conectarse… los símbolos son similares. Además, si el otro tiene un aparato psíquico más sutil que el de uno, habrá una sensación de bienestar junto a esta persona. Nuestro aparato psíquico se relaja, se eleva, lo que se experimenta como placer. Si, en cambio, la otra persona vibra con una mayor densidad psíquica, nos cuesta estar junto a ella, nos cuesta “cargar” con su peso psíquico, lo que percibimos como malestar, tensión.  Como si encima de cargar con tu peso tuvieras que cargar al otro a cuestas. Por lo tanto, si nos encontramos alguien con la misma sintonía que nosotros y además con menos carga psíquica, nos sentimos tan bien junto a esta persona, que vamos querer estar con ella, vamos buscar contacto y echarla de menos si nos separamos. ¡Posiblemente nos enamoremos! Aquí nace una “relación especial(**) y aparece la dependencia. Creemos que necesitamos del otro para sentirnos bien. El otro, de alguna manera, ha completado nuestros circuitos. Como si huecos nuestros se llenaran con esta y solo con esta persona. Cuando hablamos de “media naranja” es de esto que estamos hablando: el otro activa nuestros circuitos, hace circular la energía en ellos, y cuando esto ocurre, sentimos el amor.

Pero en realidad cualquier cosa bella y sutil puede hacer circular nuestra energía amorosa. Un bonito atardecer, la belleza de un momento cualquiera inmediatamente activa nuestra capacidad amorosa.  Pero tenemos tal hábito de atribuir nuestro bienestar a otra persona, que echamos de menos compartir estos momentos con nuestra “media naranja”.  De hecho, podemos vivirlo y nutrirnos de estos momentos… así nuestra propia naranja se completa.  Y el verdadero amor se da entre naranjas completas… Te invito, lector, a experimentarlo esta semana, llevando a cabo un ejercicio.

Ejercicio – Esta semana, vamos a experimentar. Procura fijarte en lo que te da placer, en lo que sientes que activa tu bienestar, el gusto de estar vivo. A lo mejor es la contemplación, música, observar la naturaleza, mirar a los ojos de un niño, bañarse… mirar una flor, observar los animales.  Hay infinidad de experiencias que van a hacerte vibrar.  Cuando esto ocurra, mantén la experiencia para ti, contigo, en ti. No pienses en compartirlo con nadie. Nútrete de ello y recoge esta sensación dentro de ti. Esto no significa que no puedas tener una relación, ¡sino que te prepara para ello!

 

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(*)Vibren – Todos los cuerpos físicos vibran, sin excepción. Miramos una piedra y pensamos que es algo inerte. No es verdad. Está comprobado que todo vibra. De hecho, una piedra va cambiando su estructura interna, solamente que a un ritmo que nos resulta imperceptible. La diferencia está en la intensidad de la vibración. Si algo vibra con más velocidad, no lo percibimos con nuestros ojos físicos y negamos su existencia. Esto pasa con nuestro cuerpo sutil.

(**)Relación especial – Siempre que alguien activa nuestros centros energéticos y sentimos placer, creamos una “relación especial.” Al creer que esta persona es la causante de nuestro bienestar, nuestra atención pasa a centrarse en esta persona en lugar de posarse sobre nuestro sentimiento, la sensación de bienestar en sí misma. Lo que sentimos es NUESTRO. Es un recurso nuestro y la fuente está en uno… No depende para nada del otro ni se origina el él.

Foto de portada: CarballodeTroya

Escrito por Marly Kuenerz

Marly Kuenerz

Psicóloga clínica y creadora de El Juego de la Atención

  • 19 jun, 2017
  • Marly Kuenerz
  • 1 Comments
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Claudia Patricia
Desde hace rato sigo a la psicóloga Marly Kuenerz por medio de sus vídeos me he formado una idea de la psicología transpersonal y de la atención, soy una investigadora con todo lo relacionado con el ser humano, en especial con la mente, su comportamiento, como lo dijo en una conferencia, empezando por mi, me gustaría tener una comunicación con usted le doy gracias por estar en esta época, personas como usted son muy importantes para la humanidad que esta muy confundida

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