¿QUÉ ES TERAPIA Y QUÉ ES CRECIMIENTO PERSONAL?

 

Según el diccionario de la lengua española, la palabra “terapia” significa tratamiento de una enfermedad o disfunción. Ya en los primeros tiempos después de Cristo, existió un antiguo grupo, presumiblemente esenio, cuyos miembros se denominaban “Terapeutas del Desierto”, que se dedicaban a sanar el alma siguiendo prácticas cristianas. En cambio, Crecimiento Personal no tiene definición en el diccionario español, aunque trate de los mismos temas que la terapia psicológica, pero no presupone mayor enfermedad o disfunción que la de ser una persona humana, con todo lo que esto significa.

A partir de esta aclaración, puedo decir como psicóloga y terapeuta que soy, que crecer personalmente significa ampliar el conocimiento de si mismo y al tiempo, de los misterios de la existencia. Estoy convencida que no se puede separar nuestra parte personal de la universal, de la misma forma que no se puede tratar lo psicológico sin entrar en el ámbito espiritual. La vida como tal ya es espiritual: todo lo que ocurre aquí en nuestro mundo tiene correlación con universos no visibles y las leyes que rigen todo este entramado de niveles de realidad, ya pertenecen a otra esfera… Observo que hay gente que, creyendo que “lo espiritual” todo lo arregla, sufre por evidentes fardos psicológicos que podrían ser transformados con facilidad, a través de técnicas psicológicas normales. También esto ocurre al revés: gente cerrada a los temas espirituales, que llegan a un punto desde el que ya no pueden progresar, sin abrirse a algo más allá del mundo físico.

 
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Por otro lado, el crecimiento personal tiene una vertiente evidentemente psicológica, ya que sin quitarse de encima patrones de comportamiento y prejuicios del pasado, es difícil poder ampliar nuestra visión del mundo y de lo que nos rodea. El primer paso para crecer interiormente consiste en saber lo que está ocurriendo dentro de si mismo. ¿Por qué? Debido a que ¡lo externo lo coloreas automáticamente con lo que piensas y con lo que sientes! Como consecuencia, cualquier hecho externo sobre el que proyectes tus sentimientos personales, inmediatamente deja de ser objetivo. Luego, no puede haber crecimiento personal si no limpiamos la parte de nuestra historia que nos impide tener una visión neutra de las cosas. ¿Cómo comprender algo de una manera esencial y profunda, si estamos todavía a cuestas con reacciones emocionales subjetivas provenientes del pasado?

Por lo tanto, el mirar hacia adentro y luego permitirse ver la realidad externa desde otro prisma, nos puede llevar a un mundo insospechado, mágico y fascinante. Nos permite usar nuestro libre albedrío con sabiduría y no sentirnos víctimas pasivas de los acontecimientos. ¡Esto y bastante más nos ofrece el crecimiento interior! Es un regalo, un privilegio que está a nuestro alcance, y no tiene, para nada, que estar motivado por ninguna disfunción.